De dónde viene nuestra educación: Un viaje por el tiempo sobre los orígenes de la Educación Venezolana

Programa 8 Temporada IV Retorno a Clases: La historia de la Educación en Venezuela.

El siguiente texto es una adaptación del capítulo “Orígenes de la instrucción pública en Venezuela” del libro del Dr. Arístides Rojas (1826-1894), “Orígenes Venezolanos (Historia, Tradiciones, Crónicas y Leyendas)”. Se han adaptado expresiones y formas del habla para hacer el texto más digerible para los lectores contemporáneos, sin embargo se han respetado las ideas principales del texto.

Es pertinente mencionar que los textos que componen el libro fueron escritos a finales del siglo XIX, sin embargo mucho de sus contenidos siguen siendo vigentes y llaman a la reflexión sobre la visión que tuvo el doctor Rojas al momento de plasmarlos en papel.

España no mostró una política educativa uniforme durante su dominio sobre las colonias del Nuevo Mundo, con unas se mostró más preocupada por su desarrollo, mientras que otras sufrieron la indiferencia, rayando en la negación, de la metrópolis; las grandes provincias fueron administradas por gobernadores que supieron engrandecer a España en América, mientras las provincias pobres fueron sometidas a personajes ineptos que solo pusieron trabas al progreso y avance de los pueblos encomendados.

¿Qué produjo el atraso científico y literario que tuvo Venezuela durante la colonia? ¿Por qué la instrucción pública, con la consecuente producción de personas ilustres en todas las ramas del saber, fue más fructífera en los virreinatos españoles que en Venezuela? ¿Por qué la diferencia entre las colonias fundadas por el mismo imperio en este continente?

La presencia de culturas prehispánicas más ricas y cultas que otras dentro del continente fue una de las causas de la disparidad española en su trato hacia las colonias, en lo que respecta a la educación. En la figura de arriba hacia abajo: Artesanía Chibcha en oro, ruinas mayas de Palenque, ruinas aztecas de Teotihuacán, ruinas incas de Machu Picchu.

Parece que tres causas motivaron al imperio español en su política educativa en sus colonias:

  1. La existencia en ese territorio de civilizaciones indígenas con un gobierno civil y eclesiástico establecidos, escritura, costumbres y tradiciones, que procuraban preservarse por encima de las distintas revoluciones y cambios en el tiempo.
  2. La presencia de estas civilizaciones estuvo acompañada por la riqueza mineral del suelo, manifestada por los ídolos y objetos de oro encontrados en todos los templos y en poder de los emperadores, cipas e incas, y confirmados luego por las minas, que provocó el flujo de mayor población europea a estas zonas.
  3. Las zonas más ricas de América se vieron favorecidas con la llegada de espíritus ilustrados, mandatarios activos y hombres emprendedores que se unieron a las aspiraciones naturales de cada sociedad en presencia de las necesidades materiales, morales y sociales de la familia americana.

Estas causas contribuyeron en algunos pueblos al  incremento y desarrollo de la instrucción pública. Así se observa una instrucción pública con más resultados prácticos en las colonias andinas poderosas antes que en las colonias de indígenas más simples.

La ausencia en Venezuela de los factores antes mencionados, dejó a nuestra instrucción pública en el estado más incipiente durante toda la colonia.

Por un lado, la Venezuela indígena no era más que un grupo de tribus con débiles o ningún centro de gobierno, sin industria, monumentos impresionantes o arte, ningún vestigio de escritura y, por lo tanto, con una pobre memoria del pasado. Los conquistadores sintieron que nada podían aprender de ellos, por el contrario, sintieron que tenían que hacer todo lo referente al hogar, agricultura, estabilidad gubernamental, educación civil.

La ausencia de metales preciosos solo empeoró las cosas, ya que no había nada que estimulara al conquistador. Se observó como después de la paralización de la explotación de la perla en las islas de Cubagua y Margarita, las costas que tantos aventureros alojaron, quedaron en la completa soledad, sin estímulo para la inmigración europea.

La pobre rentabilidad minera del país no fue la única causa que detuvo el avance educativo de la colonia, el hecho de que aún a mediados del siglo XVIII todavía habían áreas en guerra contra los indígenas, que solo lograron pacificarse gracias a la acción de las misiones religiosas, retardó el avance y crecimiento de muchos pueblos del interior.

El primer mandatario de la antigua provincia de Venezuela que se ocupó en abrir la instrucción primaria y elemental fue Don Simón de Bolívar, antepasado del Libertador, Comisionado del ayuntamiento del cabildo de Caracas ante Felipe II, entre 1589 y 1590. De su gestión destacan 2 cédulas importantes: la de 22 de junio de 1592, que ordena establecer un seminario y la de 14 de septiembre de ese año que permite la creación de un preceptorado de gramática castellana.

La orden de Felipe II era atender con preferencia a los hijos de los primeros conquistadores, pero ante la falta de recursos y la poca población existente, Caracas solo contará con un preceptorado, con educación inicial, para atender las necesidades de instrucción primaria, cuyo sueldo anual eran 230 pesos anuales.

Caracas era una ciudad pequeña y despoblada pero que ofrecía una seguridad y comunicación necesaria para gobernar la provincia de Venezuela, fue la migración de los poderes de Coro a Caracas lo que permitió que se abriera la primera escuela en la ciudad, gracias a la actividad de los dominicos y franciscanos. Fragmento del mapa de Caracas realizada en 1578 por Antonio Muños Ruíz.

Son los conventos de frailes los que ayudan a expandir la educación a principios del siglo XVII; tanto dominicos como franciscanos, se instalan en Caracas a partir de 1606, cuando el cabildo eclesiástico abandona Coro para buscar una ciudad estratégicamente más segura y cómoda.

Allí enseñarán latín, moral y bases de la teología. El aporte eclesiástico a la educación no estará limitado al seminario y luego la Universidad de Caracas, también se encontrará formando escuelas de primeras letras, gobernadas por los frailes, tanto con el carácter privado como gratuito, además brindaban apoyo en la enseñanza del castellano, moral, y rudimentos del latín durante sus visitas diocesanas, mientras los misioneros enseñaban doctrina y castellano básico a los jóvenes de cada tribu.

El primer colegio de niñas durante la colonia, fue obra del presbítero Malpica; y los estudios de matemáticas se abrieron en la Universidad de Caracas bajo el dictado de un sabio capuchino, del padre Andújar, uno de los maestros de Bolívar antes de su salida de Caracas en 1798. Las bibliotecas de los conventos y de la obispalía fueron un foco de enseñanza para la juventud colonial sedienta de conocimientos, allí encontraron obras clásicas de escritores latinos y españoles, además de las obras de la patrística antigua, llenas de bellezas como de pensamientos consoladores.

La intención de crear el primer seminario conciliar de Caracas impresa en la cédula de 1592, no se llevó a cabo hasta 1641, cincuenta años después. Fue gracias al obispo Mauro de Tovar que se fundó el primer seminario, aunque de manera incompleta, pues este plantel no llegó a erigirse sino hasta 1673, bajo el pontificado del obispo González de Acuña, y fue ampliado en 1682, bajo el de Diego Baños y Sotomayor.

La primera petición de crear una universidad en el seminario conciliar fue llevada ante el rey de España, Carlos II, entre 1696 y 1697. La respuesta del rey, a través de la real cédula de 30 de enero de 1698, fue dar las gracias al obispo de Caracas por el aprovechamiento de los colegiales del seminario, y le encarga que cuide y fomente el Instituto. Más tarde, por oficios de 30 de diciembre de 1697 y 14 de enero de 1700, se niega la solicitud. Un año más tarde se vuelve a rogar con ahinco que el rey conceda la licencia al seminario para conceder grados y evitar el viaje a Santo Domingo, en la actual República Dominicana, donde existía la primera universidad creada en América; pero fue negada nuevamente la peticion.

El rey Felipe V fue un gran ilustrador como su abuelo el rey francés Luis XIV, que promovió la educación universitaria, en su reinado se fundó la primera Universidad en Venezuela. Detalle del retrato hecho por Louis-Michel van Loo (c. 1739). Óleo sobre lienzo, 154 x 113 cm, en el Museo del Prado en Madrid.

La Universidad de Caracas no llegó a instalarse sino bajo el reinado de Felipe V. Por real cédula de 22 de diciembre de 1721, al fin Caracas recibió el permiso para erigir una universidad, cuya instalación se realizó el 11 de agosto de 1725; en la capilla del seminario, acto que fue presidido por el obispo Escalona y Calatayud. La Universidad se abrió con las siguientes clases: Teología de prima, Teología de vísperas, Cánones, Instituto de leyes, Teología moral, Filosofía, Medianos y mayores, Gramática de menores y Música. Después vinieron las clases de Escritura, Filosofía escolástica de dominicos, Medicina y Mínimos de gramática. De estas doce cátedras pocas fueron favorecidas por el monarca, unas traen su origen del seminario y otras fueron creadas por la Universidad.

En documentos que ascienden hasta el año de 1785, se encuentran los orígenes de cada una de ellas:

  • Las primeras letras se enseñaban en el Seminario Tridentino desde los primeros años del siglo XVI, a mediados de siglo se suprimió la escuela, que volvió a instalarse en 1772; gracias a la disposición testamentaria de don Bartolomé Iturralde, de Navarra, en la que su albacea don Fernando de Echeverría, vecino de Caracas, impuso a censo la suma de dos mil pesos, para pagar con su rédito un maestro de escuela que debía enseñar gratis cierto número de niños pobres, y a los huérfanos con preferencia; se abrió de nuevo el plantel con veintiún alumnos, en la misma sala del seminario donde había estado.
  • Las clases de gramática latina que se comprendían bajo los denominados de menores, medianos y mayores, datan de 1592, cuando por real cédula de Felipe II, se creó la clase de gramática castellana. Esta cédula que fue ratificada por otras de 8 de noviembre de 1608, 19 de octubre de 1687, 24 de septiembre de 1692 y 18 de junio de 1698, pone de manifiesto el interés que los monarcas de España tuvieron desde los orígenes de Caracas, para que la primera materia de enseñanza pública fuese el habla castellana. Al principio la clase fue pagada por los oficiales reales, por disposición real, entregándoles al profesor real doscientos pesos anuales; a esta suma, en la cual quedaron comprendidas más tarde las clases de gramática latina, se agregó desde 1750 la cantidad de ciento cincuenta pesos, lo que hacía un total de trescientos cincuenta pesos para los dos catedráticos encargados de la enseñanza de los idiomas latino y castellano.
  • En 1773 el bachiller Moreno ofreció leer la cátedra de Mínimos durante tres años, con la condición de que se le concediese gratis la borla de maestro. La nueva cátedra, después de haber sido aprobada su creación por el soberano, quedó erigida en 1778; y cuando en 1783 cesó el compromiso del bachiller Moreno, se asignaron al nuevo profesor ciento cincuenta pesos.
  • De la primera clase de Filosofía, cuya dotación era de ciento cincuenta pesos anuales, correspondían al seminario treinta, y los ciento veinte restantes fueron dotación de don Pedro Laya Mujica, entregados antes de 1727 por capital que entregó para este objeto; pero desde 1750 la Universidad aumentó en veinticinco pesos el fondo de la cátedra. La segunda clase de Filosofía fue erigida en 1741, a petición del reverendo padre fray Pedro González Figuera, prior del Convento de Dominicos. Los religiosos de este convento se comprometieron a leer gratis la cátedra, con la condición de obtener dos borlas de doctor, además de las otras dos que estaban encomendadas a su religión. Tal solicitud fue aprobada por el rey Felipe V en 1742; con la adición de que, al haber renta, la clase fuese dotada. En 1765 la Universidad la favoreció con cincuenta pesos.
  • La de Teología de prima, la dotó el doctor don Sebastián Mora en 1706, y después corrieron con ella la Universidad y el Colegio Seminario. La de Teología de vísperas fue regentada desde sus orígenes por los obispos, hasta que en 1707 monseñor Diego de Baños y Sotomayor la dotó de la renta de los bienes del presbítero Vilches Narváez, de la ciudad de Trujillo, corriendo con ella más tarde la Universidad y el Seminario. Su renta fue aumentada en 1755 por don Ruy Fernández.
  • La cátedra de Moral fue fundada y dotada por el obispo Rincón el 5 de julio de 1715, con la condición de que el profesor fuese teólogo o jurista. La de Instituta, la fundó y dotó el mismo prelado en 1716, y en 1721 acrecentó la renta de esta cátedra el obispo Escalona y Calatayud, así como también la de Cánones.
  • La cátedra de Medicina parece haber sido creada en 1763, época en que al doctor Campins y Ballesteros se obligó a leerla durante seis años, con la única recompensa de que se le dieran gratis las borlas de maestro en artes y doctor en Medicina. Aceptada la proposición, la leyó diariamente de nueve a diez de la mañana y de cuatro a cinco de la tarde, además daba conferencias semanalmente los martes y viernes. Después se fijó una hora y quince minutos diaria, y una conferencia semanal. La erección de esta cátedra fue aprobada por el monarca el 21 de octubre de 1765, con la adición de que, al concluir los seis años, se la dotase con cien pesos tomados de los fondos de la Universidad.

Las gestiones del Obispo de Caracas, Juan José de Escalona y Calatayud, ante Felipe V fue lo que permitió la creación de la Universidad de Caracas en 1721, el mismo preside el acto de instalación del Real y Pontificio Seminario Universidad Santa Rosa de Lima de Santiago de León del Valle Caracas, el 11 de agosto de 1725.

Es preciso destacar la situación de los estudios de medicina en la Venezuela colonial: La ciencia del doctor Campins se reducía a nociones de anatomía y de fisiología, a la patología de aquella época y al conocimiento de la terapéutica y materia médica, que desde remotos tiempos se enseñaba en las aulas de España. No existían modelos, ni laminarios de anatomía, ni textos, ni bibliotecas científicas; de modo que el estudio de la medicina no podía pasar de ser primitivo y rudimentario.

En 1777 fue creado, por real cédula de Carlos III, el Protomedicato de Caracas, recibiendo el doctor Campins los títulos de protomédico interino, de médico de los reales hospitales de Caracas y del Colegio conciliar, y además, la propiedad de la cátedra que regentaba. Desde esta época, con Francisco Molina y Felipe Tamarís, comienza la serie de médicos que figuraron en Caracas desde fines del siglo XVIII, y continuaron después de la revolución de 1810. Como el estudio de las ciencias matemáticas, el de la medicina no podía ser creado de una manera fecunda y trascendental, sino después de la época de la Gran Colombia y al separarse Venezuela de la misma en 1830.

La situación educativa de Caracas a finales del siglo XVIII es lamentable: Una capital despoblada, sin imprenta, sin comercio con el mundo, presa del contrabando y, aunque situada casi a orillas del mar, muy distante de la civilización universal; no podía avanzar en el estudio de ciencias que necesitan de modelos, de laminarios y de catedráticos hábiles, además de los textos; era imperiosa la comunicación con el mundo ilustrado y el conocimiento de las conquistas del espíritu, en fin, necesitaba el cambio constante de las ideas con la sociedad del Viejo Mundo.

Hasta mediados del mismo siglo, la enseñanza era favorecida solo por un corto número de hombres ilustres. El señorío de Caracas prefería para sus hijos un grado militar antes que un título científico, anteponiendo el ejercicio de la equitación y las armas, en lugar del estudio de la literatura y la ciencia. Una tendencia que marcará a Venezuela por muchas décadas.

En casi todas las colonias de la América española se nota, durante la colonia, una tendencia más o menos pronunciada hacia el estudio de las ciencias, menos en Venezuela. Exceptuando las carreras del episcopado y de la jurisprudencia, las demás eran repudiadas. Hubo abundancia de teólogos y de filósofos, en tanto que los barberos desempeñaban el encargo de cirujanos, los yerbateros el de médicos y los albañiles pasaban como insignes arquitectos científicos.

Para tener una ligera idea de lo que fue la educación, científica y literaria en las pasadas épocas de nuestra historia, basta leer lo que escribió, en 1810, el notable abogado doctor don Miguel José Sanz acerca de la instrucción pública; sus apreciaciones dicen mucho sobre el atraso de Caracas y Venezuela durante la colonia; atraso que era sostenido por los notables del país, cuyas opiniones respetaron siempre los monarcas de España.

El desarrollo intelectual de toda sociedad necesita en todo tiempo del factor individual, que  en la mayoría de los casos es la fuerza que guía, se abre paso, vence los obstáculos, crea y fecundiza. Al penetrar en los orígenes de los estudios científicos de Caracas, tanto en ciencias médicas, como en ciencias matemáticas, no debemos omitir noticia alguna que nos ilustre y sirva de punto de partida a los futuros historiadores de Venezuela.

Aunque el Ayuntamiento de Caracas consideró importante el plan educativo propuesto por Simón Rodríguez, maestro del Libertador, las diferencias entre ambos terminaron por molestar a Rodríguez, quien prefirió abandonar Caracas.

La fecha más remota que conocemos referente a la creación de estudios matemáticos en Venezuela, remonta al año de 1760. Eran los días del gobernador Ramírez de Estenoz, cuando el coronel de ingenieros señor don Nicolás de Castro, deseando establecer en su casa una academia de geometría y fortificación, exclusivamente para los oficiales de su mando, elevó la solicitud al Gobierno de Caracas el 24 de junio de 1760, alegando que sería útil disponer de personal oficial facultado en cálculos dentro de la provincia, ante cualquier caso de guerra, ya que no disponían de ninguno en la provincia. El gobernador Ramírez de Estenoz respondió favorablemente ofreciéndole apoyo financiero y elevar ante el rey la solicitud para obtener su favor.

La decisión real fue favorable y comunicada al coronel don Nicolás de Castro, a través del Fray G. Julián de Arriaga. Con el camino libre, los textos de este instituto fueron redactados por el coronel Castro. Son objeto de colección algunos de estos cuadernos, con muy buenos dibujos, que llevan por título: Fortificación de campaña, Fortificación regular, Geometría. La Academia tuvo de existencia siete años, pues en septiembre de 1768 el coronel Castro dejó a Caracas, para trasladarse como teniente del rey a Panamá, donde murió en 1772. El coronel Castro, natural de Ciudad Rodrigo y fundador en 1755 de una de las más honrosas familias de Caracas, bajo todos conceptos fue un espíritu ilustrado, que contribuyó con sus talentos al brillo de la época en que figuró.

Entre los diversos trabajos que dejó inéditos figura su obra intitulada Máximas de la guerra, la cual consideró el general Francisco de Miranda en 1810 como un trabajo de mérito sobresaliente, digno, como éste escribe, de su sabio autor. Esta obra fue impresa después de la muerte del coronel Castro.

Luego de 1768, Caracas queda sin Academia y en abandono, los estudios matemáticos que con tanto entusiasmo se habían fundado desde 1761, continuaron en 1785 cuando el padre Andújar, capuchino aragonés de mucha erudición, propuso al capitán general interino don Manuel González dictar gratis una cátedra de Matemáticas, con el único objeto de establecer en el país esta rama de los conocimientos humanos. Por el momento accedió el gobernador, con la reserva de que fuese apoyado por el monarca de España; años después llegó a Caracas la real cédula de Carlos IV negando la licencia porque no convenía ilustrar a los americanos, esta frase de Carlos IV no pasa de ser una solemne necedad, hija de la ineptitud de aquel monarca. España frecuentaba las restricciones en sus colonias, pero en ocasiones patrocinó los estudios científicos en América como veremos más adelante. Lamentablemente la cátedra de matemáticas en Caracas fue suspendida cuando ya comenzaba a dar buenos frutos.

Una anécdota lamentable ocurre a principios de 1817, ya el padre Andújar había muerto hacía poco tiempo en el pueblo de Parapara, donde se había establecido como misionero, cuando las flecheras españolas entraron en el pueblo, los soldados lanzaron a la calle su hermosa librería y sus instrumentos de física y los destruyeron, alegando que aquella casa había sido visitada días antes por el Estado Mayor del general Piar.

Luego de esta explicación se puede comprender cuán limitados fueron los estudios científicos en los dos planteles de enseñanza superior que tuvo Caracas en las pasadas épocas. Ni la física, ni la química, ni las ciencias exactas, ni las naturales, ni el derecho de gentes, ni la historia, ni la ciencia  geográfica, ni la ciencia del hombre fueron conocidas. Con repercusiones importantes para el futuro de Venezuela.

El fin de la Colonia

La instrucción primaria participó igualmente de las nuevas ideas que comenzaron a germinar al final del siglo XVIII. La figura visible de este movimiento era un hombre muy ilustre: el señor Simón Rodríguez, que había sido maestro de Bolívar.

En el Ayuntamiento de 1794, Rodríguez presentó los manuscritos de una obra inédita cuyo título era: Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento. El manuscrito fue estudiado por cada uno de los miembros del Ayuntamiento, y acordaron, el 20 de junio de 1795, aumentar el número de las escuelas y establecer una en cada parroquia; pero la forma como algunas de las medidas fueron tomadas causaron disgusto en Rodríguez, quien renunció a la dirección del plantel que dirigía, a pesar de haberse aceptado su sistema de enseñanza; ante esto, el Ayuntamiento se limitó entonces a darle un testimonio por escrito de lo mucho que estimaban sus méritos y reconociendo los buenos oficios de su parte en pro de la juventud caraqueña. Rodríguez no tomó en cuenta esta aprobación y, molesto, dejó Caracas en 1796; se encontrará con Bolívar en Europa, para convertirse en su mentor desde 1803 hasta 1807, y luego amigo venerado del discípulo que le reconoce y acata como al consejero de su infancia, una vez que llega el día en que alcanza el pináculo de la gloria.

La visita del barón Alexander Von Humboldt, a inicios del siglo XIX, trae consigo las luces de un cambio, pero después de su partida el estudio de las ciencias no llegó a tener en Caracas ningún representante. Luego que el proyecto de una nueva academia fue enterrado por Carlos IV, nadie se atrevió a hablar de estudios científicos. A pesar de esto, no faltaron ambiciones justificadas, jóvenes talentosos que aspiran a adquirir nociones de la ciencia del ingeniero.

En Cumaná se fundó mucho antes de 1810 una pequeña escuela de carácter privado, a cargo del ingeniero español don Juan Pires, quien durante algún tiempo dio lecciones de matemáticas, entre otros venezolanos a Sucre, Avendaño, Sojo, etc.; mientras que en Caracas las recibían de otro ingeniero, José de Salcedo, Tirado, Piñango y algunos jóvenes más; y tan útiles fueron los conocimientos que adquirieron estos venezolanos, que todos figuraron más tarde como militares instruidos.

A pesar del interés de la nueva República, nacida en 1811, los esfuerzos no se consolidarían hasta que llegara la paz en tiempos de la Gran Colombia. Los años de guerra entre 1811 y 1825 no tuvieron a la educación como prioridad efectiva.

Los ingenieros españoles dejaron en Venezuela gran cantidad de trabajos importantes. La revolución de 1810 halló en los archivos de la antigua Capitanía planos corográficos de gran mérito. Entre los diversos autores de esos trabajos, que figuraron antes de 1810, está el señor don Pedro Donato y Carranza, primer piloto de la carrera de Cádiz, cuyas cartas náuticas y planos de diversos lugares de la antigua Capitanía, comprueban la sólida instrucción de aquel empleado del Gobierno español. El encargo del primer piloto de la carrera de Cádiz parece que lo había tenido su padre, igualmente ingeniero notable, pues en la bibliografia española del siglo XVIII encontramos: “Carranza. –Descripción de las cartas, puertos, etc., de las Indias españolas, particularmente de Cuba. Publicada en 1740, en 1 vol. con mapas, y traducida al inglés en la misma época”.

¿Cuál fue el curso que tomaron los estudios matemáticos después de la revolución de 1810? En la Gaceta de Caracas de 7 de septiembre de este mismo año encontramos el siguiente decreto, sin fecha, por el cual se creó en aquella época una Academia de Matemáticas. Dice así:

Al Gobernador Militar de Caracas. La Suprema Junta de Venezuela, que sólo aspira a la felicidad de sus habitantes, atendiendo a la absoluta escasez que hay en estas provincias de sujetos inteligentes en las ciencias exactas, no sólo para el mejor estado de los oficiales de su ejército, sino para proporcionar a la juventud aplicada los medios de ser útiles al Estado en cualquiera carrera que emprendan; ha dispuesto que se establezca en esta ciudad una Academia militar de Matemáticas, cuya apertura se verificará el 3 de septiembre próximo venidero, admitiéndose en ella gratuitamente, con preferencia a los militares, desde la edad de doce hasta la de treinta y dos años, y con sujeción a la misma, a todos los demás jóvenes que por su clase y circunstancias puedan asistir decentemente. En consecuencia, los militares que pudieran dedicarse a tan útil ocupación, solicitarán el permiso de S.A. por medio de sus Jefes, y los paisanos se presentarán para obtenerlo al sub-inspector de ingeniero, bajo cuyo cuidado y dirección se establece la expresada Academia. Téngase entendido y comuníquese a quienes corresponda.  – Clemente.

Este proyecto no tuvo por el momento ningún efecto trascendental. En las épocas de convulsiones políticas la enseñanza pública desaparece: así sucedió durante la revolución desde 1810 hasta 1825.

El ensanche de los estudios no podía comenzar en Venezuela sino con la Gran Colombia, creada por Bolívar y visitada por Boussingault, Stephenson y otros sabios. El desarrollo del comercio, el nacimiento de nuevas industrias, el movimiento de la prensa, la creación de la República, exigían el incremento y mejoría de la instrucción pública.

El estudio de las matemáticas, a pesar de tantas causas que se opusieron a su desarrollo, tuvo en los últimos años de la Gran Colombia un representante en Caracas, que contribuyó con su ilustración y constancia a sembrar la semilla que debía fructificar más tarde: Rafael Acevedo, que se dedicó durante algún tiempo a la enseñanza del primer bienio de matemáticas, y formó alumnos que le acompañaron en 1831 a establecer la Academia Militar de Matemáticas bajo la sabia dirección del célebre don Juan Manuel de Cajigal.

Las ideas de Bolívar en 1827, cuando con aliento civilizador desarrolló el plan de estudios en Venezuela, no tuvieron una solución completa sino en los momentos de la desmembración de la Gran Colombia. Por el decreto de la Constituyente de la República dado en Valencia el 14 de octubre de 1830, se creó una Academia de Matemáticas en Caracas, la cual fue instalada el 4 de noviembre de 1831 en la antigua capilla del seminario. Con el estudio de esta ciencia surgía el de la medicina, a cuya cabeza se hallaba el doctor José María Vargas. A este impulso siguieron la Academia de dibujo y la creación del Colegio de la Independencia, que abrió el camino a los planteles de instrucción superior.

Es un hecho que el incremento y desarrollo de la instrucción pública en todos los pueblos, están en relación con las conquistas políticas y sociales, con el empuje del comercio que, abriéndose nuevos mercados, favorece toda inmigración provechosa, y acerca todas las nacionalidades. En los países estacionarios la instrucción es defectuosa; parece más bien un hábito que una necesidad. La conquista y establecimiento de la paz armada de todos los arreos del progreso moderno, es el agente más poderoso de toda instrucción pública.

About David Alexander Garrido Michalczuk
David Alexander Garrido Michalczuk, es Ingeniero en Electrónica graduado en el Instituto Universitario de las Fuerzas Armadas Nacionales (IUPFAN) y Chef de Cocina Internacional, graduado de High Training Educational Institute (HTEI), obtuvo su certificado de Locución en la Universidad Central de Venezuela (UCV), además de ser certificado como Productor Nacional Independiente por el MINCI, con el número 20.007. Ha sido webmaster de varios sitios webs educativos e informativos. Actualmente es Director Ejecutivo y profesor a dedicación exclusiva de la escuela de cocina High Training Educational Institute HTEI. Fue cofundador de La Taguarita del Sabor y uno de los conductores de la 1ra Temporada del programa; actualmente es productor y conductor de la 4° temporada. Además coordina el trabajo de producción y venta del sitio web lataguaritadelsabor.com

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