lea esta maravillosa anécdota del Chef de los Emperadores, Marie Antoine Carême: "Mil doscientos comensales, huéspedes nobles del príncipe Talleyrand, paladeaban sabores sofisticados en el banquete que esa noche se ofrecía en honor de Alejandro I, zar de Rusia. El anfitrión quería sorprenderlos a todos y ufanarse de su gusto exquisito. Por eso desplegó música, manteles y cubertería. Por eso coronó la fiesta con esa desmesura alimentaria. Por la noche, complacido, el zar pidió a Talleyrand que lo llevara a conocer su palacio de verano. Durante el recorrido quiso conocer también los fogones, el laboratorio de donde habían salido tantas maravillas, y el príncipe lo condujo hacia la enorme cocina humeante donde más de doscientos cocineros se descubrieron las cabezas apenas los vieron entrar. Todos hicieron la debida reverencia, menos uno: el chef, el hombre que estaba erguido junto a las cacerolas, que llevaba un uniforme bien planchado y mantenía en su lugar, con arrogancia, un alto sombrero blanco bordado con flores de oro. Alejandro I, ofendido, interrogó al dueño de casa: –¿Quién es este insolente? Talleyrand respondió con la verdad magra: –La Cocina, Majestad... La Cocina."

Deja un comentario